Una sociedad contaminada por gangas, pandillas y sicarios.
Por Ruddy Dotel
A paso agigantado camina la destrucción total de la sociedad, los seres humanos, se encuentran desprotegidos de las autoridades en la protección de sus vidas y de sus bienes en particular, tanto así que nadie en este momento está seguro ni en su propia vivienda, porque la delincuencia se encuentra en todos los rincones de la geografía nacional de esta media isla.
Vivimos en una selva donde el slogan es salvase quien pueda.La moda en la actualidad son las llamadas gangas que trabajan algunas con el apoyo de sectores poderosos, comandada por el crimen organizado y la mafia del narcotráfico, con fines de limpiar camino a base de sangre y fuego a los que tratan de enfrentarlos en sus sucios negocios de venta y consumo de drogas.
También estos rufianes se enfrentan a tiros por el control de su mercado de estupefacientes.Otra polilla que actúan en la sombra de la tiniebla son los grupos denominados pandillas, dedicadas en la especialidad de realizar asaltos, atracos y robos a manos armadas, donde sus víctimas son preseleccionadas, estudiadas y escogidas, al momento de cometer el hecho.
Es bueno destacar que hay pandillas juveniles formadas por niños desde 8 años en adelante, pero dirigidos por personas adultas. Las pandillas son tentáculos usados por el mundo de las drogas.Los matones por dinero son los más crueles, aquí no existe el perdón, a cualquiera los mandan para donde San Pedro, al lugar donde nadie ha regresado, al mundo de los desconocidos, al viaje sin regreso, es decir que le quitan la vida a cualquiera sin importar su posición social.
Los sicarios tienen la imagen del príncipe de la tiniebla, cobran por sencillamente matar, su trabajo es darle para abajo aquel que engañó, traicionó, o en cambio a quien enfrenta con valor y valentía a los narcotraficantes y al crimen organizado.Debemos abrir una cruzada sin cuartel contra estos males sociales, pero dirigida por autoridades con pantalones bien amarrados a la cintura, en todas las direcciones, no solamente al castigo y persecución de los gangueros, pandilleros y sicariatos, sino iniciar un plan de educación en el seno de la familia, y el Estado hacer los posibles de disminuir el hambre, desempleo e impulsar con seriedad las oportunidades a los jóvenes en los lugares de trabajo.


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