Patricio Bosch y las memorias de su padre Juan Bosch
(Publicación en la Revista Jiribilla Cubana)
(Publicación en la Revista Jiribilla Cubana)
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Por: Celeste García
Estudioso de la vida y la obra de su padre, Patricio Bosch, quien nació en Cuba y es licenciado en Ciencias Sociales, historiador y bibliotecario, ha indagado sobre los acontecimientos históricos ligados a su progenitor, sobre los cuales presentó la ponencia: “Lo que sucedió contemporáneamente en República Dominicana y el resto del mundo en el año en que nació Juan Bosch”, en el taller internacional organizado por la Cátedra Juan Bosch de la Universidad de La Habana. Su hijo Matías Bosch trabaja en la Fundación que mantiene el legado del gran político y escritor.
Me complace realizar esta entrevista que nos permite acercarnos a aquellas personas que conocieron a Juan Bosch, pues queremos destacar en el centenario de su natalicio la dimensión humana, moral y educativa de su obra. En ese sentido, quisiera que usted me relatara los primeros recuerdos entrañables de su padre y cómo usted recuerda esa vida familiar.
Nací en Santiago de Cuba, al igual que mi madre, Doña Carmen Quidiello. En ese momento, según su recuerdo, mi papá era viajante de Medicina, es decir, vendía medicinas a médicos o representantes de laboratorios, fundamentalmente a los Rodríguez-Corría y Pedro Kourí. En unos de sus viajes a Santiago de Cuba conoce a la familia de mi madre, y a ella la había conocido en la Terminal de Ómnibus de Coliseo. Entonces decidieron casarse en La Habana, pero se establecieron en Santiago de Cuba alrededor de 1946. Permanecimos dos años en Santiago de Cuba hasta que nos mudamos a La Habana.
Mi primer recuerdo de niño es ver a mi papá sentado en la máquina de escribir, pues él, además de vender medicinas, escribía en la revista Carteles, Bohemia y el periódico Información. Me contaba en aquel entonces muchos cuentos. Casi siempre estaba enfermo del estómago y cuando eso ocurría se pasaba toda la noche y la madrugada cantándome "Barquito de Papel". Otro recuerdo son sus paseos por La Habana. Él y mi abuelo Don Raymundo Quidiello Corujo fueron quienes me enseñaron La Habana y andábamos mucho por la calle Monte, el Parque Central, la calle Obispo. Recuerdo mi primera película, La quimera de oro, en un cine de barrio frente al edificio Bacardí. Él fue quien me hizo descubrir a Charles Chaplin, que se convirtió para mí en un referente. En diferentes ocasiones me llevaba a sus reuniones con amigos cubanos: Nicolás Guillén, Onelio Jorge Cardoso, Pedro Martínez, Navarro Luna. Nos veíamos mucho en Centro Habana, en diferentes cafés nos encontrábamos también con Roberto Fernández Retamar, Poggolotti y Carlos Enríquez, quien nos invitó una vez a su casa. Fidel Castro nos visitó en el año 48 y también antes de ir a Bogotá. También recuerdo a Pedro Kourí y a Ramírez Corría.
Estudioso de la vida y la obra de su padre, Patricio Bosch, quien nació en Cuba y es licenciado en Ciencias Sociales, historiador y bibliotecario, ha indagado sobre los acontecimientos históricos ligados a su progenitor, sobre los cuales presentó la ponencia: “Lo que sucedió contemporáneamente en República Dominicana y el resto del mundo en el año en que nació Juan Bosch”, en el taller internacional organizado por la Cátedra Juan Bosch de la Universidad de La Habana. Su hijo Matías Bosch trabaja en la Fundación que mantiene el legado del gran político y escritor.
Me complace realizar esta entrevista que nos permite acercarnos a aquellas personas que conocieron a Juan Bosch, pues queremos destacar en el centenario de su natalicio la dimensión humana, moral y educativa de su obra. En ese sentido, quisiera que usted me relatara los primeros recuerdos entrañables de su padre y cómo usted recuerda esa vida familiar.
Nací en Santiago de Cuba, al igual que mi madre, Doña Carmen Quidiello. En ese momento, según su recuerdo, mi papá era viajante de Medicina, es decir, vendía medicinas a médicos o representantes de laboratorios, fundamentalmente a los Rodríguez-Corría y Pedro Kourí. En unos de sus viajes a Santiago de Cuba conoce a la familia de mi madre, y a ella la había conocido en la Terminal de Ómnibus de Coliseo. Entonces decidieron casarse en La Habana, pero se establecieron en Santiago de Cuba alrededor de 1946. Permanecimos dos años en Santiago de Cuba hasta que nos mudamos a La Habana.
Mi primer recuerdo de niño es ver a mi papá sentado en la máquina de escribir, pues él, además de vender medicinas, escribía en la revista Carteles, Bohemia y el periódico Información. Me contaba en aquel entonces muchos cuentos. Casi siempre estaba enfermo del estómago y cuando eso ocurría se pasaba toda la noche y la madrugada cantándome "Barquito de Papel". Otro recuerdo son sus paseos por La Habana. Él y mi abuelo Don Raymundo Quidiello Corujo fueron quienes me enseñaron La Habana y andábamos mucho por la calle Monte, el Parque Central, la calle Obispo. Recuerdo mi primera película, La quimera de oro, en un cine de barrio frente al edificio Bacardí. Él fue quien me hizo descubrir a Charles Chaplin, que se convirtió para mí en un referente. En diferentes ocasiones me llevaba a sus reuniones con amigos cubanos: Nicolás Guillén, Onelio Jorge Cardoso, Pedro Martínez, Navarro Luna. Nos veíamos mucho en Centro Habana, en diferentes cafés nos encontrábamos también con Roberto Fernández Retamar, Poggolotti y Carlos Enríquez, quien nos invitó una vez a su casa. Fidel Castro nos visitó en el año 48 y también antes de ir a Bogotá. También recuerdo a Pedro Kourí y a Ramírez Corría.

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