Saña se acentúa en feminicidios
Mujeres son muertas de forma desgarradora, agresores recurren a desmembramiento de órganos y mutilaciones
Ya maté a esta perra”, murmuró Emmanuel Pérez, de 32 años, cuando abandonó a su esposa desangrándose en el asfalto, después de propinarle 20 puñaladas en distintas partes de su cuerpo.Emmanuel pensó que había matado a Fiordaliza Fructuoso, de 37 años. Sin demostrar arrepentimiento, se alejó del cuerpo a paso lento y sereno ante la mirada de vecinos del sector Vista Bella, en Santo Domingo Norte.
Fiordaliza se salvó de milagro. Tuvo fuerzas para arrastrarse hasta colocarse debajo de un vehículo, donde evitó que su agresor la continuara agrediendo.
Un año ha transcurrido desde aquel 17 de noviembre.
Fiordaliza llora cuando rememora los ataques que sufrió durante los ocho años que vivió con Emmanuel: “Me sacaba las uñas de los pies con un martillo, me apretaba el cuello hasta asfixiarme. La pistola que él tenía, un cuchillo, un palo, cualquier cosa usaba para golpearme”.
Llama la atención la tendencia que se observa este año en las agresiones a las mujeres, que reflejan más crueldad y odio. Los agresores parecen no conformarse con dejar a su víctima muerta sino que insisten en torturar el cuerpo inerte.
Roxanna Reyes, procuradora de la Mujer, informa que en los primeros nueve meses de este año, registró 178 feminicidios íntimos y no íntimos, pero no destaca la forma en que dieron muerte a las víctimas.
Sin embargo, un vistazo a reseñas publicadas en la prensa en lo que va de año encontramos historias desgarradoras, como la que ocurrió la semana pasada en Hacienda Estrella, Santo Domingo Norte.
Se trata de Cándida de la Cruz, de 50 años, que fue atacada a machetazos por su marido. Le arrancó dos dedos de las manos y una oreja. Además, la hirió en el cráneo y la espalda. “Me decía ‘te voy a matar para que tú no seas de otro’, porque yo no quería seguir con él”, expone la mujer sobreviviente.
Otro caso horrible ocurrió el pasado octubre en el Batey Esperanza de San Pedro de Macorís. La víctima fue Andreína de los Santos, cuyo esposo además de apuñalarla, también le roció gasolina y le prendió fuego.
En el distrito municipal Villa Sombrero, provincia Peravia, Altagracia Deyanira Cordero, de 25 años, murió de los múltiples machetazos que le propinó su pareja. Mientras que en julio pasado, Bernardo Antonio Batista picó en trozos el cuerpo de su esposa después de haberla estrangulado en la vivienda que compartían en Sabana de la Mar.
La directora de Políticas de Igualdad del Ministerio de la Mujer, María Ramos, opinó que es “sumamente preocupante” que la saña sea cada vez más grave y que para agredir se recurra a desmembramiento de órganos y mutilaciones.
“Eso obedece al aprendizaje de culturas. Ha incidido la pérdida de valores, los medios electrónicos y mensajes que transmiten los medios de comunicación”, explica.
La abogada cree que el aumento de la violencia en sentido general, las guerras y actos de destrucción masiva que se transmiten por televisión, inciden directamente en el receptor porque los conduce a imitar patrones que existen en otras naciones.
“Ahora vemos que hay videojuegos que enseñan a los niños a matar, a confrontarse entre ellos con juguetes de exterminio. Ellos celebran quien logró ‘matar’ más.
Eso lo ven como un simple juego, algo normal”, dice.
Ramos indica que también se observa que el abusador da muerte a las personas que se encuentran en lo que se denomina “la línea de fuego”, que son aquellas que intervienen para defender a la mujer. “El agresor no tiene responsabilidad para responder a sus acciones”, dice.
Intolerancia ilimitada
Las razones de un agresor van más allá de los celos, que era la causa que comúnmente se reportaba en los partes policiales. Casos recientes muestran que la ira del hombre se ha intensificado porque su esposa andaba de parranda, porque estuvo en casa de familiares más días de los que él tenía previsto o porque llegó a su hogar minutos después de lo que estimaba su pareja.
La fatídica historia de Bianna Guzmán es un ejemplo. El hecho de que ella llegara a su casa pasada de tragos de alcohol en horas de la madrugada, motivó que su esposo la estrangulara
Mujeres son muertas de forma desgarradora, agresores recurren a desmembramiento de órganos y mutilacionesYa maté a esta perra”, murmuró Emmanuel Pérez, de 32 años, cuando abandonó a su esposa desangrándose en el asfalto, después de propinarle 20 puñaladas en distintas partes de su cuerpo.Emmanuel pensó que había matado a Fiordaliza Fructuoso, de 37 años. Sin demostrar arrepentimiento, se alejó del cuerpo a paso lento y sereno ante la mirada de vecinos del sector Vista Bella, en Santo Domingo Norte.
Fiordaliza se salvó de milagro. Tuvo fuerzas para arrastrarse hasta colocarse debajo de un vehículo, donde evitó que su agresor la continuara agrediendo.
Un año ha transcurrido desde aquel 17 de noviembre.
Fiordaliza llora cuando rememora los ataques que sufrió durante los ocho años que vivió con Emmanuel: “Me sacaba las uñas de los pies con un martillo, me apretaba el cuello hasta asfixiarme. La pistola que él tenía, un cuchillo, un palo, cualquier cosa usaba para golpearme”.
Llama la atención la tendencia que se observa este año en las agresiones a las mujeres, que reflejan más crueldad y odio. Los agresores parecen no conformarse con dejar a su víctima muerta sino que insisten en torturar el cuerpo inerte.
Roxanna Reyes, procuradora de la Mujer, informa que en los primeros nueve meses de este año, registró 178 feminicidios íntimos y no íntimos, pero no destaca la forma en que dieron muerte a las víctimas.
Sin embargo, un vistazo a reseñas publicadas en la prensa en lo que va de año encontramos historias desgarradoras, como la que ocurrió la semana pasada en Hacienda Estrella, Santo Domingo Norte.
Se trata de Cándida de la Cruz, de 50 años, que fue atacada a machetazos por su marido. Le arrancó dos dedos de las manos y una oreja. Además, la hirió en el cráneo y la espalda. “Me decía ‘te voy a matar para que tú no seas de otro’, porque yo no quería seguir con él”, expone la mujer sobreviviente.
Otro caso horrible ocurrió el pasado octubre en el Batey Esperanza de San Pedro de Macorís. La víctima fue Andreína de los Santos, cuyo esposo además de apuñalarla, también le roció gasolina y le prendió fuego.
En el distrito municipal Villa Sombrero, provincia Peravia, Altagracia Deyanira Cordero, de 25 años, murió de los múltiples machetazos que le propinó su pareja. Mientras que en julio pasado, Bernardo Antonio Batista picó en trozos el cuerpo de su esposa después de haberla estrangulado en la vivienda que compartían en Sabana de la Mar.
La directora de Políticas de Igualdad del Ministerio de la Mujer, María Ramos, opinó que es “sumamente preocupante” que la saña sea cada vez más grave y que para agredir se recurra a desmembramiento de órganos y mutilaciones.
“Eso obedece al aprendizaje de culturas. Ha incidido la pérdida de valores, los medios electrónicos y mensajes que transmiten los medios de comunicación”, explica.
La abogada cree que el aumento de la violencia en sentido general, las guerras y actos de destrucción masiva que se transmiten por televisión, inciden directamente en el receptor porque los conduce a imitar patrones que existen en otras naciones.
“Ahora vemos que hay videojuegos que enseñan a los niños a matar, a confrontarse entre ellos con juguetes de exterminio. Ellos celebran quien logró ‘matar’ más.
Eso lo ven como un simple juego, algo normal”, dice.
Ramos indica que también se observa que el abusador da muerte a las personas que se encuentran en lo que se denomina “la línea de fuego”, que son aquellas que intervienen para defender a la mujer. “El agresor no tiene responsabilidad para responder a sus acciones”, dice.
Intolerancia ilimitada
Las razones de un agresor van más allá de los celos, que era la causa que comúnmente se reportaba en los partes policiales. Casos recientes muestran que la ira del hombre se ha intensificado porque su esposa andaba de parranda, porque estuvo en casa de familiares más días de los que él tenía previsto o porque llegó a su hogar minutos después de lo que estimaba su pareja.
La fatídica historia de Bianna Guzmán es un ejemplo. El hecho de que ella llegara a su casa pasada de tragos de alcohol en horas de la madrugada, motivó que su esposo la estrangulara

0 comentarios:
Publicar un comentario