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Los medios de difusión: nacionalidad, soberanía e identidad cultural

Por Sandra Mustelier Ayala

Aclaro, no le eche la culpa a las redes, a la tecnología, ni a los medios de difusión. No haga como los luddistas, aquellos obreros ingleses del siglo XIX que le tiraron piedras a las máquinas culpándolas del desempleo y las calamidades que padecían. Las máquinas, y más en esta novissima revolución tecnológica, siempre están exoneradas de culpas. Las culpas son de los comportamientos y actitudes de los humanos, carentes de principios, integridad y amor.
A escala societal, es obvio que los medios de difusión han dejado de ser simples canales de trasmisión y se han convertido en instrumentos autónomos generadores de valores y de actitudes. Y sobre todo, son elemento polarizador del tiempo libre de las grandes mayorías. Están llamados a preservar y reafirmar valores de la identidad cultural y de contribuir al diseño de formas emergentes de cultura.
Son medios de influencia, de condicionamiento de patrones de gusto estético y de nuevas tendencias de comportamiento social. Esta perspectiva les confiere a los medios de difusión, a los  audiovisuales, a las redes sociales y al internet, una dimensión sociocultural: la capacidad de inducir hábitos y comportamientos, promover ideas y reforzar actitudes, fomentar ideologías, estados anímicos y de condicionar sentimientos. Estos medios, más que canales, son emisores de alta responsabilidad social pues relacionan culturas a escala individual y societal, y modelan conciencias, ideologías, cosmovisiones y códigos culturales.
Los medios de difusión se debieran erigir en instrumentos centrales de la producción de ideas y de cultura y no solo accionar como magnificadores de lo snob, banal, el mal gusto,  el consumismo, lo sensacionalista y lo vulgar.
La identidad cultural y los profundos sentimientos y concepciones de la nacionalidad y el patriotismo, así como el ejercicio pleno de la ciudadanía cultural se fomenta, ya no tanto  por las acciones institucionales de alcance limitado, sino por el impacto de las nuevas tecnologías y de esos medios de difusión, trasmisores de mensajes culturales.
Cultura es modo de ser y de hacer, no solo acumulación de conocimientos y obras de contenido estético y artístico; es estilo de vida, modo de utilización del tiempo libre, maneras de conducirnos y relacionarnos en la vida cotidiana. Los medios de difusión  permean en todos los instantes, nuestra vida cotidiana. Los productos de la industria cultural audiovisual (cine, radio, televisón, video juegos), el internet, las redes sociales,  nos configuran el actuar.
Distanciémonos racional y responsablemente de sus mensajes nocivos. Critiquémoslos. No les hagamos el juego. Actuemos por mejorar la calidad de las trasmisiones televisivas y radiales en nuestro país. Porque se ven en canales nacionales y se escuchan por esa radio dominicana, cada vulgaridades y obscenidades… Que son vergüenza nacional!
La dimensión sociocultural de los medios de difusión deberá sustentarse en el rigor y  total exigencia de los estándares de calidad de los productos difundidos, en la profesionalidad que emane de ellos y en la coherencia con los principios éticos, didácticos y estéticos.
En los medios está el mayor por ciento de los límites conceptuales reconfigurados que se les imponen a las grandes mayorías de dominicanos de clase baja sobre nacionalidad, soberanía, identidad, patriotismo, ciudadanía  y otros conceptos claves para los destinos de un país. Los medios tienen un rol estratégico en esa necesidad imperiosa de elevar el nivel de educación de la población y en la reafirmación  de los valores de la identidad cultural dominicana. Fuente Acento.com

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