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¿Por qué no cambiarle el odioso nombre a la capital dominicana?

Por Edelvis García Herrera

La acertada idea de Duarte  al fundar la organización más significativa del siglo XIX llamada la Trinitaria, no podía ser mejor. Y lo digo porque es un importante punto de partida que daba direccionalidad a un proyecto consistente en tres aspectos básicos: forjar la conciencia, expulsar el dominio extranjero y fundar una república.

El Patricio estaba demasiado claro, y en  este país atrasado por demás, él deseaba un Estado de justicia social, democrático, de igualdad y sin privilegios; que nadie  estuviera por encima de la ley debido a su condición económica, política y social. Además, concebía un país alejado del caudillismo, el endeudamiento, la impunidad, la entrega de su territorio; un Duarte con una visión anticolonialista, antiimperialista y no antihaitiana como nos han querido vender los neotrujillistas resentidos y perversos, seguidores por demás de Pedro Santana, negación absoluta del ideal trinitario.

Duarte era también de ideas antiimperialistas, nacionalistas, y decía que no se debía entregar ni un ápice del territorio nacional, y mucho menos anexarse a ninguna potencia; por eso es que regresó al país cuando Santana lo anexó a España, y entonces enfrentó al caudillo  tal como haría ahora con los mismos peledeistas.

El ideal duartiano a mi me subyuga y me declaro un fiel seguidor del mismo;  ¿pero qué no me gusta  del Patricio? Pues su exagerado catolicismo a la usanza hispana que lo lleva a fundar su Trinitaria el mismo día de la Santa Cruz, un  16 de julio, inspirándose en una sangrienta batalla en que los españoles habían vencido a los árabes, un 16 de julio de 1212; de ahí que la escogencia no haya sido  al azar. Luego, siguiendo con la misma obsesión,  decidió atravesarle una  cruz a la bandera haitiana como símbolo de redención; y hoy cargamos con ella en la de nosotros los dominicanos.


Pero para terminar de ponerle la tapa al pomo, nuestro b
ello  escudo se daña con una Biblia abierta en su centro, llegando un gran segmento del pueblo a creerse superior;  o que no nos llegan los “desastres” naturales por la protección del altísimo; o que somos hasta el mejor país del mundo por semejante símbolo;  superiores Haití, pues de aquel lado,  según el enfoque trujillista con la arrogancia y el deseo de ser español, lo que hay es vudú, gagá y Satanás, y aquí somos cristianos hasta la tambora: ¡Tremenda tontería!  Quien afirme tal idea es un ignorante, perverso y malicioso.

 Pienso, y no tan humildemente, que Duarte, al fundar la República debió también  cambiar ese “Dominicana” y echar al zafacón a  Santo Domingo de Guzmán, asesino, inquisidor, retrógrado fundador de la orden de los dominicos fundada en el 1215; y de  ahí nos llamemos dominicanos, que es lo mismo que canes del Señor; de un “señor” que realmente uno no sabe si existe.

Y me pregunto: ¿Por qué no un nombre más taino, que recuperara nuestros ancestros; como en México, por ejemplo, en donde un águila real aparece devorando una serpiente encima de un nopal en el centro de un lago? Sí, eso  que representa la señal que debería encontrar el pueblo aztlán en su migración hacia el sur para fundar una nueva ciudad.
 (Si observamos, Haití tomó la palabra indígena  Ayití (Haití), que significa tierra alta.

Pero bien, ya el daño está hecho,  y los símbolos, según dicen, son únicos, invariables y eternos, por lo que tendremos que cargar con esa cruz y esa Biblia por el resto de la vida.

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