Por Edelvis García Herrera
El Patricio estaba demasiado claro, y en este país atrasado por demás, él deseaba un
Estado de justicia social, democrático, de igualdad y sin privilegios; que
nadie estuviera por encima de la ley
debido a su condición económica, política y social. Además, concebía un país
alejado del caudillismo, el endeudamiento, la impunidad, la entrega de su
territorio; un Duarte con una visión anticolonialista, antiimperialista y no
antihaitiana como nos han querido vender los neotrujillistas resentidos y
perversos, seguidores por demás de Pedro Santana, negación absoluta del ideal
trinitario.
Duarte era también de ideas antiimperialistas,
nacionalistas, y decía que no se debía entregar ni un ápice del territorio
nacional, y mucho menos anexarse a ninguna potencia; por eso es que regresó al
país cuando Santana lo anexó a España, y entonces enfrentó al caudillo tal como haría ahora con los mismos
peledeistas.
El ideal duartiano a mi me subyuga y me declaro un fiel
seguidor del mismo; ¿pero qué no me
gusta del Patricio? Pues su exagerado
catolicismo a la usanza hispana que lo lleva a fundar su Trinitaria el mismo día
de la Santa Cruz, un 16 de julio, inspirándose
en una sangrienta batalla en que los españoles habían vencido a los árabes, un 16
de julio de 1212; de ahí que la escogencia no haya sido al azar. Luego, siguiendo con la misma obsesión, decidió atravesarle una cruz a la bandera haitiana como símbolo de
redención; y hoy cargamos con ella en la de nosotros los dominicanos.
Pero para terminar de ponerle la tapa al pomo, nuestro bello escudo se daña con una Biblia abierta en su centro, llegando un gran segmento del pueblo a creerse superior; o que no nos llegan los “desastres” naturales por la protección del altísimo; o que somos hasta el mejor país del mundo por semejante símbolo; superiores Haití, pues de aquel lado, según el enfoque trujillista con la arrogancia y el deseo de ser español, lo que hay es vudú, gagá y Satanás, y aquí somos cristianos hasta la tambora: ¡Tremenda tontería! Quien afirme tal idea es un ignorante, perverso y malicioso.
Pienso, y no tan
humildemente, que Duarte, al fundar la República debió también cambiar ese “Dominicana” y echar al zafacón
a Santo Domingo de Guzmán, asesino,
inquisidor, retrógrado fundador de la orden de los dominicos fundada en el 1215;
y de ahí nos llamemos dominicanos, que
es lo mismo que canes del Señor; de un “señor” que realmente uno no sabe si
existe.
Y me pregunto: ¿Por qué no un nombre más taino, que
recuperara nuestros ancestros; como en México, por ejemplo, en donde un águila
real aparece devorando una serpiente encima de un nopal en el centro de un
lago? Sí, eso que representa la señal
que debería encontrar el pueblo aztlán en su migración hacia el sur para fundar
una nueva ciudad.
(Si observamos, Haití
tomó la palabra indígena Ayití (Haití),
que significa tierra alta.
Pero bien, ya el daño está hecho, y los símbolos, según dicen, son únicos,
invariables y eternos, por lo que tendremos que cargar con esa cruz y esa
Biblia por el resto de la vida.

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