
El presidente chino, Xi Jinping, advirtió este jueves a su homólogo
estadounidense, Donald Trump, que una gestión inadecuada de la cuestión
de Taiwán podría empujar a ambos países a un «conflicto», en una
contundente declaración durante su cumbre en Pekín.
Xi recibió con un apretón de manos al magnate al pie del
monumental Gran Salón del Pueblo de la plaza Tiananmén, el centro
neurálgico del poder comunista en la capital, decorada con alfombra roja
y los colores de China y Estados Unidos.
Trump comenzó el cara a cara elogiando a su anfitrión, al que
calificó de «gran líder» y «amigo», al tiempo que pronosticaba que sus
países tendrán «un futuro fantástico juntos».
Pero más allá de la pompa inicial, Xi utilizó un tono menos efusivo y
afirmó que ambas partes «deberían ser socios, no rivales», al destacar
desde el primer momento la situación de Taiwán, una isla autónoma y de
régimen democrático que Pekín reclama como parte de su territorio.
«La cuestión de Taiwán es el tema más importante en las
relaciones entre China y Estados Unidos», dijo Xi, según declaraciones
publicadas por los medios estatales chinos.
«Si se maneja mal, las dos naciones podrían chocar o
incluso entrar en conflicto, lo que empujaría a toda la relación entre
China y Estados Unidos a una situación muy peligrosa», añadió durante la
reunión, que duró unas dos horas y 15 minutos.
El viaje de Trump a Pekín es el primero de un presidente
estadounidense en casi una década, y la gran recepción contrasta con una
serie de tensiones comerciales y geopolíticas sin resolver entre los
dos gigantes.
En un banquete por la noche en su honor, el mandatario estadounidense
celebró las conversaciones «extremadamente positivas y productivas» con
su homólogo, al que invitó en septiembre a visitar la Casa Blanca.
Xi, menos efusivo, insistió nuevamente en esa cena su mensaje de
cooperación entre ambas potencias y aseguró que el progreso de China es
compatible con gran lema de Trump: «Make America Great Again».
Esta relación bilateral ha encontrado momentos bajos luego de la
anterior visita de Trump en 2017, con ambos países enzarzados en una
guerra comercial en gran parte de 2025 y con múltiples desacuerdos en
temas globales.
– «Lenguaje directo» –
La cuestión de Taiwán ha sido uno de los asuntos más delicados
durante años. Aunque Estados Unidos solo reconoce a China, existe una
ley que le obliga a suministrar armas a Taiwán para que pueda
defenderse.
China ha prometido tomar el control de Taiwán y no descarta recurrir a
la fuerza para lograrlo, en un contexto de creciente presión militar
sobre la isla en los últimos años.
Tras los comentarios de Xi el jueves, Taipéi calificó a China como el
«único riesgo» para la paz regional e insistió en que «la parte
estadounidense ha reafirmado repetidamente su apoyo claro y firme» a ese
territorio.
Adam Ni, editor del boletín China Neican, dijo a la AFP que, si bien
este «lenguaje directo» visto este jueves no es infrecuente en la
política exterior china, es inusual viniendo del propio Xi.
«Xi quiere dejarlo muy claro (…). Cree que la cuestión de Taiwán es el polvorín potencial entre las dos superpotencias», añadió.
– Irán empaña la visita –
La guerra de Irán, que obligó a Trump a posponer su viaje a China,
inicialmente previsto en marzo, es otro de los temas espinosos.
Antes del encuentro, el presidente estadounidense afirmó que esperaba
mantener una «larga conversación» sobre Irán, que vende la mayor parte
de su petróleo a China pese a la amenaza de sanciones de Washington.
No obstante, insistió en que no necesitaba «ninguna ayuda» de Pekín.
Finalmente, según la Casa Blanca, Trump y Xi se limitaron durante su
reunión a destacar la necesidad de mantener abierto el estratégico
estrecho de Ormuz.
Esta vía marítima clave, por donde transitan el 20 % del petróleo y
el gas licuado mundiales, está bloqueado desde el inicio de la guerra, a
finales de febrero.
«Las dos partes estuvieron de acuerdo en que el estrecho de Ormuz
debe seguir abierto para favorecer la libre circulación de la energía»,
dijo la Casa Blanca.
Trump también espera cerrar acuerdos comerciales en agricultura, aviación y otros sectores.
Empresarios de élite se unieron a su delegación, entre ellos Jensen Huang, de Nvidia, y Elon Musk, de Tesla.
Xi dijo prometió a la delegación de ejecutivos que «China abrirá aún
más y más sus puertas al mundo exterior» y que las empresas
estadounidenses disfrutarían de «perspectivas aún más prometedoras».
AFP