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Romper las botellas, ¿el camino que nos queda?

Por Edelvis GH
En Bonao, una “ciudad” que no posee ni siquiera matadero, pocas autoridades tienen forma cómo justificar sus lujosos salarios, viáticos, y demás privilegios que se le cargan al pueblo con exagerados impuestos. Porque si recorremos sus calles las vemos millonarias de hoyos, atestadas de basura, sin zafacones, sin señalizaciones; con sus aceras tomadas por los negocios y casas familiares. Súmele las aguas residuales y cloacales que producen terribles hedores y enfermedades. 

Entonces, ante este deprimente ambiente, nos preguntamos: ¿dónde están Obras Públicas, Ayuntamiento, INAPA, Salud Pública? ¿Y los legisladores? ¿Y la Sala Capitular?

¿Cómo se explica que un Ayuntamiento siempre alegue no tener camiones para el ornato? Y la Sala Capitular ¿por qué no emplaza a su alcaide por el abandono de sus funciones? Simplemente por su complicidad y la vida muy relax que llevan, nadando con la corriente turbia de corrupción, soborno e impunidad.

Pensemos igual en el Departamento de Planeamiento Urbano que ha permitido que las calles y avenidas principales sean robadas por los munícipes. Recorramos la 16 de Agosto y veamos la discoteca Coconut, o un negocio de la Independencia cerca de la Padre Billini, que producen cuevas. Revisemos la Dr. Gautier con Quisqueya y la forma dada a una acera, similar al monte Everest en altitud y resbaladiza, además de unos tubos en medio. Pasa igual en la 16 con Altagracia; o intentemos caminar por la Duarte, o por la Dr. Columna…¿Dónde está el respeto ciudadano? Pero ¿cuál es la función de una pendejada llamada AMET que nada regula?

Bonao, laboratorio de bacterias, virus y enfermedades de todo tipo, está de emergencia, y lo lamentable es que Salud Pública sólo aparece a descacharrizar cuando mueren, primero, unas cuantas docenas de seres humanos. Nada más.

Preocupa muchísimo la inexistencia de un sistema cloacal, y el pueblo se ha acostumbrado a convivir entre las heces, viendo con impotencia cómo van –las ñecas-a las fuentes acuíferas. 

Y se pueden observar, además, las tuberías rotas y las aguas fluyendo y recorriendo las calles por meses, sin que sean corregidos los escapes.

Mas la falta de voluntad es desde abajo hasta arriba; no hay sensibilidad social; y sólo se hace mucha alharaca. Nada se resuelve. Nada funciona. 

Ni siquiera el Departamento de Ambiente del Ayuntamiento sirve; y nunca ha impartido charla alguna sobre la importancia de la limpieza; Departamento que tampoco multa a los que arrabalizan aún más la aldea de Bonao. No educa, ni orienta a una población con una ascendente mala educación, que multiplica los vertederos en el cuerpo de la aldea de Bonao, similar a las metástasis cancerígenas.



En definitiva, no hay pues una sola “institución” eficiente, con la voluntad y la vocación de servicio que le dé sentido a la vida de este sufrido pueblo.

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