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Patriotismo, nacionalismo y patrioterismo

Por Juan Tomás Tavares
El fomento del patriotismo en el hogar y en la escuela es sano. Amar a la patria no perjudica a nadie y fortalece los lazos sociales en la comunidad. El patriotismo puro no debe contaminarse  de intenciones   partidistas ni de apetencias económicas. Utilizar los sentimientos patrióticos para sacar provecho individual o grupal lo desvirtúa.
¡Cuidado pues con el que anda con soberbia proclamando a los cuatro vientos que él es más patriota, y que los que no comparten su punto de vista son traidores! No es patriota “el que alardea excesiva de patriotismo”, sino patriotero, según lo define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. El patriotero alardea excesiva e inoportunamente de patriotismo para sacar provecho personal, no porque ama a la patria.
El sentimiento patriótico no ciega; y el  patriota recibe y sopesa con humildad las sugerencias y criticas como oportunidades de mejora -no importa de dónde provengan- a sabiendas de que la patria es una obra maestra en permanente construcción por los ciudadanos comprometidos. El patriota no ve traidores y enemigos de la patria hasta en la sopa; reconoce que ciertamente las amenazas y peligros que debemos superar no siempre son externos, ni es una batalla de “nosotros” contra “ellos”. Cada persona puede y debe amar a su patria, sin ofender ni denigrar al vecino que también tiene derecho a profesar amor a la suya. El patriota siente justo orgullo patriótico; jamás exhibe soberbia nacionalista.
El patriota está siempre atento a los peligros y amenazas que brotan de adentro, pues es más fácil identificar y unirse contra los ataques provenientes del exterior que cuidarse de sus propias debilidades y tropezones. La injusticia, la corrupción y la discriminación son temibles enemigos que corroen silenciosamente por dentro, socavando las bases mismas de la soberanía del pueblo. Ni qué  decir tiene que el mayor riesgo para la patria es  ese mal endémico y siempre omnipresente que llamamos apatía de los ciudadanos.
El nacionalismo es una ideología  moderna que ha sido un arma de gran utilidad para impulsar y consolidar auténticas revoluciones sociales y guerras de independencia desde el siglo XVIII. Nadie discute su valor histórico en el contexto que surgió y se desarrolló, sobre todo su papel contra el colonialismo. Como arma ideológica, puede utilizarse para el bien y para el mal. Bueno, ha servido para forjar grandes naciones, así como para desatar inútiles conflictos bélicos de gran sufrimiento humano y destrucción material. Como ideología es muchas veces utilizada para mantener a  grupos minoritarios en el poder hasta en estados que en lo formal son democráticos. Además,  es un arma potente en el arsenal de prácticamente todos los dictadores y regímenes totalitarios.

Según George Orwell, el nacionalismo es el peor enemigo de la paz. Juan Pablo II identificó el nacionalismo en sus formas más peligrosas como la antítesis del patriotismo, y muy afín al fundamentalismo religioso, su frecuente aliado. Para el Dalai Lama el nacionalismo  es un camino equivocado, como lo son el egoísmo y la violencia.

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