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Para ayudar a construir un marco de compresión mutua

Por Rafael Emilio Yunén
Como ciudadanos debemos defender la existencia de la frontera  y que se refuerce la vigilancia en ella. Rechazamos, además, que cualquiera la cruce se le otorgue automáticamente la nacionalidad; pero diferenciamos a los que continúan inmigrando en los últimos años, de aquéllos que han nacido aquí  y son descendientes de inmigrantes.
Apoyamos que se siga controlando la inmigración ilegal, se establezcan controles migratorios efectivos, se penalice a los traficantes de haitianos y se les reconozca la nacionalidad a quienes por derecho y justicia les corresponda. Pero también debemos expresar que defender nuestro país no significa odiar a otros porque no sean iguales que nosotros; y pensamos que las escenas de violencia que están ocurriendo son inaceptables y no se puede permitir su incitación y continuidad. Podemos perfectamente convivir con otras culturas; eso nos enriquece lejos de dañar la “raza”; más bien nos hace crecer como seres humanos y amplía nuestros conocimientos sobre nosotros mismos y los demás.
Estamos absolutamente en contra de la violencia, y abogamos por la solución rápida y pacífica para presentar alternativas de solución; y a la vez apostamos al desarrollo de nuestra nación, así como el desarrollo de nuestro país vecino; pero ni el odio ni el racismo ni la xenofobia nos ayudarán.
Pensemos también que los dominicanos somos un pueblos de emigrantes y nos denominan  inmigrantes en los países donde hemos decidido residir. A nadie le gusta abandonar su país; pero si lo hacemos es porque no hay condiciones para desarrollarnos en nuestro suelo o porque buscamos prosperar.
Como tenemos el derecho de emigrar, hay que concedérselo a quienes llegan a nuestro país. Recordemos que en el pasado los dominicanos eran vistos como una amenaza y se les discriminaba fuertemente, pero con el paso del tiempo han estado reclamando sus derechos y centenares de miles los han conseguido; y si estuviésemos viviendo una situación parecida en otros países a la que viven los haitianos y sus descendientes, de seguro que estaríamos buscando desesperadamente una solución.
Porque  al igual que  hay dominicanos malos y buenos, también los hay haitianos; y son más los buenos que hay ayudado con su trabajo a nuestro país.

Seamos más comprensivos y tolerantes porque amar a la patria no es odiar al vecino.

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