Por Prof. Juana Peña Vargas
La verdadera
amistad es el perfume de esa flor, con su colorido más brillante, que aún con
su deshojo sigue siendo rosa.
En cada pétalo
está la simiente del afecto, que cada mañana se fecunda de cariño verdadero.
Con la amistad
sincera no existe la palabra falsedad, porque en su diccionario sólo cabe la
verdad.
Una verdad que
cultiva al alma cuya alegría es el mensaje de cada día.
Conservar una
amistad es guardar un tesoro más apreciado que el oro,
La compañía de una
amistad sincera es un regalo del cielo: muy pocas veces encuentra ese tesoro y
conservarlo es el premio mejor otorgado.

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