Por Carlos Ortiz
La propaganda como
manipulación
Todos estamos expuestos a
los medios de comunicación, sean estos escritos, audiovisuales o digitales. No
hay dudas de que éstos son ya parte vital de cada ciudadano. Es muy difícil,
sino imposible, para muchos de nosotros el poder estar desconectados del mundo
de la información por un período de tiempo considerado.
Los manejadores del poder
económico, político o de cualquiera otra índole, entienden completamente esto.
Es por eso que no escatiman esfuerzos ni recursos para poder tener un acceso
privilegiado y ubicarse un sitial en uno o varios de los medios. De lo que se trata es de estar vigente en la
mente de los ciudadanos, de poder incidir en sus pensamientos.
Esto es nuevo en el sentido de las
tecnologías de avanzada con que cuenta la humanidad en el presente; sin
embargo, si miramos a la historia, podemos constatar que siempre ha existido en
todos los grupos humanos alguna forma de configurar, o tratar de hacerlo, a los
miembros de éstos a través de diversas vías, ya sean cuentos orales, códigos
tribales, tablas de la ley, religiones, mitos, circos, entre otros.
Las élites dominantes, o
cualquier grupo que detente algún poder, saben que tienen que hacer uso de
mecanismos de persuasión para mantener a los que no son parte de ella
cohesionados de acuerdo a su visión de la realidad o para garantizar sus
intereses. Uno de esto, creo el más importante, es la propaganda. En nuestro idioma esta palabra tiene varios
significados.
Propaganda, que no debe
confundirse con publicidad, se refiere, en su buen sentido, a la difusión de
información sobre una persona, institución o idea con un fin de promoción o de
convencer a sus receptores sobre cualquier objetivo considerado pertinente en
un momento dado. Ahora bien, lo que hace
que la propaganda tenga una connotación negativa es la manera parcial o sesgada
en la que se presenta la información. He
ahí donde entra su historia nefasta, ya que ha servido a gobiernos para
manipular a sus poblaciones. El caso más documentado es el de la Alemania nazi,
con Joseph Goebbels como Ministro de Propaganda de ese funesto régimen.
De seguro todos nos hemos
dado cuenta de cómo en nuestro país surgen, de repente, temas que son ya
ancestrales y que causan en la población un apasionamiento desmedido. Todo esto con el propósito de sacar de la
palestra asuntos no convenientes a ciertos sectores o de introducir los que sí
están a la par con la agenda del poder, siendo en la mayoría de los casos una
lucha desigual de información a favor de quien tenga más alcance o recursos
para invertir en manipular la opinión pública.
Su meta es distraernos, desviar nuestra atención. Estemos despiertos. No
nos dejemos manipular con propagandas de nadie.

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