Por Julian Morillo
Jaranear Mi
madre, a sus casi 89 años, es un manantial inagotable de palabras, frases y
refranes para dar salida o describir cualquier hecho.
Entre esas palabras abundan los arcaísmos, es decir,
palabras que han caído en desuso por el tiempo.
En días
pasados me sorprendió con la palabra jaranear (jaraniar). Frente a algo que me
dijo, y a lo que yo reaccioné sombrío, me respondió: “no, mi hijo, es
jaraniando contigo que estoy”, queriendo decir que era una broma, nada serio.
Para mi sorpresa, encontré que el diccionario de la
Real Academia Española recoge este término como: “Participar en un diálogo
festivo en el que se dicen bromas, burlas o chistes”. Y agrega que ésta tiene
su origen en el español hablado en la isla de Cuba. Nota: añoro el tiempo en
que las personas no se temían tanto y podían “jaraniar” sin temor a malas
interpretaciones.
Disfrutaba ver a mi padre y algún amigo cuando se
encontraban, simular que sacaban cuchillos inexistentes como si fueran a
pelear, y luego darse un abrazo.
Otras veces, cuando veía a un niño sin pantalones,
amagaba a quemarle el pene con su encendedor, lo que terminaba en una risa
colectiva. Era una forma de “jarana”. No dejemos de “jaraniar”, sería penoso.


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