Un potente terremoto de magnitud 7.8 sacudió este lunes la región de Mindanao, en el sur de Filipinas, provocando una tragedia humana que ha dejado al menos 31 personas fallecidas y 134 heridas, según reportes preliminares de las autoridades locales.
El movimiento telúrico, registrado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), activó de inmediato los protocolos de emergencia en varias provincias de la isla. Equipos militares, organismos de rescate y personal médico fueron desplegados para asistir a las comunidades afectadas y evaluar los daños causados por el sismo.
Las autoridades informaron que la mayoría de las víctimas perdieron la vida debido al colapso de estructuras, la caída de escombros y deslizamientos de tierra generados por el fuerte temblor. Además, una docena de personas permanece desaparecida, mientras continúan las labores de búsqueda y rescate.
Tras el terremoto, se emitieron alertas de tsunami para zonas costeras del sur de Filipinas, el norte de Indonesia y el estado malasio de Sabah, en la isla de Borneo. Como medida preventiva, miles de residentes fueron evacuados hacia áreas más elevadas ante el temor de olas peligrosas.
Sin embargo, las alertas fueron levantadas más de seis horas después, una vez que los organismos de monitoreo confirmaron que el riesgo había disminuido significativamente.
La catástrofe revive el recuerdo de otro devastador terremoto ocurrido hace apenas ocho meses en Filipinas. En aquella ocasión, un sismo de magnitud 6.9 frente a la isla de Cebú provocó la muerte de 79 personas, convirtiéndose en el más mortífero registrado en el país en más de una década.
Las autoridades filipinas mantienen la vigilancia ante posibles réplicas y continúan evaluando los daños materiales, mientras miles de familias enfrentan las consecuencias de uno de los terremotos más fuertes registrados recientemente en la región.

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