Por Ruddy Dotel
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El crimen, la delincuencia y la violencia están relacionados en un alto porcentaje con el tráfico y consumo de estupefacientes, mal que golpea a diario a la ciudad en general.
La familia como institución principal de la colectividad camina por un sendero peligroso, y es palmeada en sus interioridades por el uso de alucinógenos por uno o por varios miembros, lo que trae como consecuencia, desintegración, riñas, violencia y la pérdida de la armonía en el hogar.
Nuestro país se encuentra en el ojo del huracán por su situación geográfica que favorece ser usado como puente de trasiego de drogas a Estados Unidos, Europa; mientras, los carteles colombianos, mejicanos, y algunos países de Suramérica y Centroamérica envían a sus intermediarios en República Dominicana cargamentos de estupefacientes, pagando en mercancías o dólares por sus servicios.
Esta situación de recibir mucha cocaína y marihuana ha creado un mercado interno que ha inundado todos los rincones de la geografía nacional de puntos de drogas, generando así un aumento en el consumo de narcóticos principalmente de nuestra juventud.

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