
Hace 182 años, precisamente el 30 de marzo de 1844, a poco más de un mes
de la independencia dominicana, se logró una victoria épica contra los
invasores haitianos que sirvió para consolidar ese proceso que llevaría a
establecernos como una nación libre de toda dominación extranjera.
Los
criollos, comandados por el general José María Imbert, resistieron
cinco ataques, por dos flancos, en los que los invasores tuvieron 600
bajas y una mayor cantidad de heridos. Los nativos no contaron pérdidas.
El
general Imbert no fue el único héroe de la Batalla de Santiago; en el
terreno se destacaron Pedro Eugenio Pelletier y Achilles Michel, y fue
la carga de Fernando Valerio la que llevó a las fuerzas nacionales al
triunfo definitivo.
También dejaron su impronta José María López,
al mando de la artillería, y Ángel Reyes, encargado de comandar el
batallón “La Flor”, integrado en su mayoría por decenas de jóvenes de
Santiago.
Cabe mencionar también a Juana Trinidad, conocida como
“Juana Saltitopa” o “La coronela”, junto a luchadores que con su
heroísmo y entrega fueron capaces de culminar con un triunfo aquella
magna gesta.
En la eternidad a la que se mudan los auténticos
héroes resuenan estas palabras que pronunciara el general José María
Imbert: “Por una protección manifiesta de la Divina Providencia, el
enemigo ha sufrido semejante pérdida sin que nosotros hayamos tenido que
sentir la muerte de un solo hombre ni tampoco haber tenido un solo
herido. ¡Cosa milagrosa que solo se debe al Señor de los Ejércitos y a
la justa causa!”
La importancia de esta batalla fue fundamental para
que nuestro país dejara establecido ante el mundo que la nación
dominicana había tomado la decisión de ser libre, independiente y
caminar sobre la base de su propia autodeterminación ante el conjunto de
las naciones.
Cada uno de estos héroes que hicieron suyo el
mensaje que sembró desde La Trinitaria Juan Pablo Duarte, por su valor y
su coraje para defender la independencia nacional, merecen el
reconocimiento de todo el país, y se han ganado un lugar en las páginas
más gloriosas de nuestra historia, por su ejemplo de entrega y
sacrificio.

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